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Publicidad en la revista “La familia”.

 

Mauricio Garcés, ¿femenino?
Por: Mónica A. Maorenzic Benedito
[fragmento]

El cine mexicano, al menos hasta mediados del siglo XX, codifica las diferencias de género -entre otras cosas- con la ocupación diferenciada de los espacios en que se desarrolla la vida cotidiana. Las mujeres suelen quedar confinadas al espacio doméstico, mientras que los hombres se asocian con la vida exterior, la amplitud de espacio, las alturas, el traslado, la ingesta de alcohol y los espacios de poder y de espacio físico intelectual.
En este esquema, es notable la ausencia de los personajes masculinos del espacio habitacional. La recámara, la cama, el espejo, el baño y la cocina son espacios simbolizados como femeninos, por lo que al personaje masculino típico prácticamente no lo veremos durmiendo, bañándose, vistiéndose o arreglándose. Es frecuente, en cambio, ver a los personajes masculinos tras un escritorio y rodeados de libros, aunque en la trama no se implique que realizan una labor intelectual. Sólo el hombre “débil”, aquel que adquiere “cualidades femeninas” (generosidad, sacrificio, intuición, etcétera), ocupará espacios “femeninos” como la cocina. A ellos los vemos en la cama sólo si están enfermos o heridos.

Fuente: Maorenzic Benedito, Mónica A. (2016). “Mauricio Garcés, ¿femenino?” en Miradas al cine mexicano Vol. 2. Secretaría de Cultura, IMCINE: Ciudad de México. pp. 17-39.

 

 

 

 

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