[1953] El cine y la televisión. Una lucha en su apogeo

pexels-photo-704555.jpeg
Photo by Burak Kebapci on Pexels.com

Publicado el 15 de junio de 1953 en el Diario de Yucatán
Por:  Dr. Iván Pérez Solís

Según las estadísticas que se han publicado recientemente, durante el año de 1952 los empresarios de los salones cinematográficos de los Estados Unidos vieron mermados sus habituales ingresos en la respetable suma de 108 millones de dólares.
Esta considerable suma, aunque no tan cuantiosa como para provocarles un colapso definitivo, sí ha sido lo suficientemente crecida como para que se hayan puesto a buscar el origen del descenso tan brusco que experimentaron en sus ingresos.
La tarea no fue nada difícil: la televisión, fue la respuesta que proporcionaron los técnicos encargados de estudiar el problema.
En efecto, ya para nadie es un secreto que el auge de la televisión ha hecho languidecer a la cinematografía, cuando menos en lo que el aspecto comercial de ésta se refiere, ya que se ha demostrado que es precisamente en las zonas en las que existen varias estaciones televisoras, en donde algunas salas cinematográficas han tenido que cerrar sus puertas por incosteabilidad de negocio.
Ante esta situación que pone en peligro la estabilidad de la industria cinematográfica, los grandes magnates de Hollywood se han visto precisados a aceptar el reto del nuevo y maravilloso invento de la televisión, lanzando al mercado las películas con efectos tridimensionales.

Un observador imparcial tiene que reconocer que el cine, con sus películas en tercera dimensión, se ha anotado, cuando menos temporalmente, una rotunda victoria sobre la televisión, ya que ha obrado el milagro de sacar de nuevo de sus casas a la gente, para transportarla a las ya casi exhaustas salas cinematográficas.
En San Diego se está exhibiendo actualmente una película en tercera dimensión y a colores naturales, lo que constituye el último avance de la industria del cinematógrafo. Los que hemos tenido oportunidad de verla, después de hacer enormes “colas” para poder entrar, estamos de acuerdo en que es un espectáculo totalmente distinto al del cine común y corriente.
En efecto, y soslayando la pequeña incomodidad que representa el uso de los rudimentarios anteojos con lentes polarizados que son indispensables para que el espectador perciba la película en relieve, el espectáculo es de una belleza y de un realismo extraordinarios.
Posee algunos efectos magníficos, aprovechados a perfección por el director de la película, que impresionan tan vivamente a los espectadores, que muchos acaban por aceptar que, en medio de la belleza innegable del novedoso espectáculo, experimentaron vivos sufrimientos durante el desarrollo de la película.

En la cinta House of Wax, que tuve oportunidad de ver en San Diego, hay un momento en el que, durante la riña a muerte, uno de los protagonistas lanza furiosamente un hacha a su enemigo. Al agacharse éste para evitar ser herido por el filoso proyectil, no hay un solo espectador que pueda permanecer quieto en su butaca, pues todos tienden materialmente a esquivar el golpe haciéndose rápidamente a un lado, o cubriéndose la cara con ambas manos, mientras en el interior de la sala se escucha un grito que sale inevitablemente de la garganta de todos y cada uno de los espectadores.
En otra escena, cuando un edificio que se está incendiando cae al suelo estrepitosamente las personas que asisten al espectáculo sienten la impresión de que la sala cinematográfica se llena rápidamente de humo, a consecuencia de lo cual son muchas las que se quitan las gafas para cerciorarse de que nada anormal está ocurriendo en el salón, mientras que algunos guasones comienzan a toser ruidosamente como para dar a entender que es el humo que respiran el que les provoca la tos.
Con estos efectos logrados de un modo tan perfecto, el cine ha vuelto de nuevo pro sus fueros, y las salas en las que se exhiben películas tridimensionales resultan insuficientes para alojar a las personas que desean entrar a ver el moderno y cautivador espectáculo.

Sin embargo, la televisión no se ha querido quedar atrás y aprovechando la reciente coronación de la Reina de Inglaterra, realizó la increíble hazaña de transmitir a todos los Estados Unidos las fastuosas y anacrónicas ceremonias de la coronación con menos de 7 horas de diferencia al momento en el que se había verificado en Londres.
Para comprender lo que esto significa, es necesario recordar que la televisión tiene la desventaja consistente en que sus plantas transmisoras tienen un perímetro de acción muy limitado, a consecuencia de lo cual era imposible captar directamente en los Estados Unidos una transmisión que se originaría en la capital del Imperio Británico, dada la enorme distancia que existe entre ambos.
Para resolver este problema, era necesario tomar en Londres la película de la coronación y traer ésta a los Estados Unidos, para ser proyectada por toda una cadena de estaciones televisoras que abarcan la totalidad del territorio estadounidense.
Pero para que la transmisión tuviera los caracteres sensacionales que tuvo, era indispensable que se efectuara el mismo día de la coronación; era indispensable que llegara a los hogares norteamericanos momentos, después de haber sucedido en la lejana metrópoli del imperio inglés.
La National Broadcasting Company realizó el milagro: contrató a dos pilotos especializados en correr a grandes velocidades, los que minutos después de haberse terminado de tomar la película en Londres, partieron velozmente para los Estados Unidos, mientras en los propios aviones de retropropulsión, adaptados con laboratorios especiales, se revelaban y se hacían los arreglos necesarios a las películas como para dejarlas en condiciones de ser proyectadas inmediatamente que arribaran al suelo norteamericano.
Gracias a este derroche de dinero de la NBC, en los Estados Unidos pudo verse la ceremonia de la coronación de Isabel II de Inglaterra 6 horas y media después de haberse verificado en la ciudad más populosa del viejo continente.

La lucha entre el cine y la televisión, como se ve, se encuentra actualmente en su apogeo. Ambos tienen armas poderosas que saben esgrimir hábil y oportunamente.

¿Llegará alguno de los dos factores en disputa imponerse definitivamente?

Sólo el tiempo nos dará la respuesta.

DR. IVÁN PÉREZ SOLÍS

Tijuana, B.C., 9 de junio de 1953.
(Especial para el DIARIO DE YUCATÁN)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: