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[1950] Urbanísticas: Reglamento por el Arqto. Leopoldo Tommasi López

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Publicado el 02 de marzo de 1950 en el Diario de Yucatán

Por: Arqto. Leopoldo Tommasi López

REGLAMENTO. – Nuestra ciudad de Mérida –por el número de sus habitantes y su ya considerable extensión; por su importancia constructiva y recursos económicos; por el rápido crecimiento horizontal de sus colonias residenciales: en fin, por su categoría urbanística- merece con urgencia, no solo un Plano Regulador que rectifique su presente y norme su futuro, sino un Reglamento que guíe y aconseje las reformas más adecuadas a las obras existentes, y encauce y vigile las que se lleven a cabo.

Ni en las más brillantes épocas constructivas de Mérida, hemos contado con un Reglamento digno de ser tomado en cuenta. En el período gubernamental del Lic. Olegario Molina -1902 a 1906- sólo existían disposiciones aisladas, inconexas, dictadas para satisfacer circunstancias y exigencias de las numerosas obras que se llevaron al cabo en ese lapso. Estas disposiciones fueron compiladas y reformadas durante el gobierno del Gral. Salvador Alvarado, formándose con ellas la primera codificación, aunque incipiente, de nuestras construcciones. En 1919, Enrique Recio, como presidente municipal, autorizó la redacción de unas nuevas Ordenanzas para las obras materiales de Mérida y pueblos de su Municipio, que modificaron el contenido jurídico de las anteriores. Si entonces –hace treinta años- dichas Ordenanzas se consideraban incompletas y peligrosamente anticuadas, ¿cómo podríamos juzgarlas hoy que nuestra ciudad ha alcanzado un importante grado de desarrollo urbanístico? No podemos estar conformes con la vigencia de algunas disposiciones reglamentarias de pésima calidad, tan inadecuadas a las necesidades actuales. No debe aceptarse la suspicacia de que haya mala fe en la aparente indiferencia con que se mira y poco se atiende la arquitectura de nuestra ciudad, al no renovar y modernizar esas disposiciones que controla y supervisan las obras públicas y privadas. No hay mala fe en verdad, aunque no se explica la desidia que se vuelve tolerancia, la tolerancia que se torna en demagogia, la demagogia que se trueca en anarquía.

No es posible que la arquitectura de Mérida siga al garete. Un buen Reglamento de construcciones podría marcar el camino que cada uno debería seguir. En las Ordenanzas vigentes encontramos unas disposiciones ingenuas, otras torpemente redactadas, casi todas exemporáneas. Es tanto más lamentable esta situación cuanto más se construye en la ciudad, pues los errores urbanísticos aumentan en razón al número de obras que se realizan.

Los Reglamentos para la construcción son revisados, en todas las ciudades importantes del mundo, de manera periódica, cada cuatro o cinco años aproximadamente. Algunos, los que más se adelantan a su época, son revisados cada ocho o diez años cuando mucho. Las nuevas experiencias técnicas, los grandes cambios en el concepto estético y filosófico de la arquitectura, el aumento cada vez mayor de población y de servicios municipales, los coeficientes de mortalidad, las acertadas soluciones higiénicas, en fin, todo lo que constituye la vida moderna de las ciudades, van dictando nuevas leyes que corrigen el contenido de los anteriores reglamentos.

La “Asociación de Ingenieros Constructores” –que hoy se llama “Asociación de Ingenieros y Arquitectos de Yucatán”– consciente de esa enorme deficiencia que tanto daño ha causado a nuestra ciudad, propuso, en 1944, un Código de Construcciones para Mérida y sus Colonias. El Ayuntamiento que recibió esa iniciativa que tendía a modernizar y completar las antiguas Ordenanzas municipales, no se dio por enterado ni envió el más elemental y burocrático acuse de recibo. Han transcurrido de esto algunos años, y pues que el urbanismo (…) amplios conocimientos y más experiencia y recursos constructivos, se hace necesario, indispensable y urgente, la redacción de un Reglamento que contenga –sin copias de otros aquellas disposiciones inestables a nuestras características, las más modernas y convenientes (…) en materia de construcción, para salvar a nuestra ciudad del desorden, del feísmo y de la anarquía de que tanto hemos hablado, de los errores de ubicación, de ornamentación, de belleza funcional y arquitectónica.

Todo esto se evitará, en gran parte, por el Reglamento de Construcciones que ha comenzado a redactarse con elementos técnicos del Departamento de Arquitectura del Ayuntamiento de nuestra ciudad.

Leopoldo TOMMASI LÓPEZ

[1950] Urbanísticas: Anarquía por Leopoldo Tommasi López

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Publicado el 23 de febrero de 1950 en el Diario de Yucatán

Por: Arqto. Leopoldo Tommasi López

ANARQUÍA. – La iniciativa privada casi siempre prefiere resolver sus problemas constructivos de modo personal, sin la intervención oportuna de Arquitectos o Ingenieros. Considera que este procedimiento beneficia económicamente sus intereses, sin sospechar que, a la postre, los resultados son contrarios a sus propósitos. No siente la obligación de pagar honorarios a los técnicos que podrían llevar al cabo esas mismas obras sin esmero administrativo, propiedad arquitectónica y coherencia lógica en el desarrollo de los distintos aspectos inherentes a la construcción, ni piensa que esto implica una economía que, por desgracia, nunca es reconocida en su justa importancia. Cuando son utilizados los servicios profesionales, los honorarios son discutidos y reducidos a su mínima expresión aritmética.

En nuestra ciudad, con muy honrosas excepciones, los propietarios de piedros suelen encomendar sus obras a maestros albañiles, en vez de utilizar a técnicos competentes para proyectarlas, calcularlas y realizarlas. Cuando acontece, por fortuna, esto último, constituye para el propietario un íntimo placer, rayando en vanidoso complejo de superioridad, el modificar constantemente los proyectos, aun cuando éstos están ya en vías de ejecución. Cada propietario se considera un arquitecto en cierne, dispuesto a discutirlo todo -a veces hasta lo que no entiende- y a imponer soluciones calcadas de magazines extranjeros. Cada propietario debe poseer capacidad bastante para construir por sí solo, aunque recurriendo a contradictorias y anacrónicas imitaciones, a veces tan absurdas que contribuyen al más lamentable feismo arquitectónico. No conceden a nuestros arquitectos el derecho exclusivo de crear su residencia y resolver sus problemas higiénicos, económicos y constructivos en atención a la luz necesaria, a la ventilación indispensable, al aprovechamiento funcional del espacio en que debe realizarse la obra. Prefiere coleccionar detalles y conjuntos que “ha visto en otras residencias”, aunque sean inaplicables a nuestro clima, condiciones geográficas, costumbres, elementos de trabajo como materiales, obreros, etc. No quiere reconocer que el Arquitecto y el  Ingeniero son creadores por excelencia de la belleza plástica, de las proporciones estéticas, de la justeza utilitaria y ornamental, del equilibrio y de la estabilidad, y que tienen la virtud de armonizar, de conjugar los valores más heterogéneos de la arquitectura, a fin de ofrecer unidad compositiva dentro de la originalidad de lo que sea bellamente cómodo y técnicamente habitable.

En nuestra ciudad, muchos propietarios construyen lo que quieren y como quieren, sin que nada ni nadie les imponga ni siquiera las más elementales normas urbanísticas. Muchas obras públicas y privadas se han llevado al cabo sin satisfacer exigencias de zonificación, de alineamiento, de “partido” arquitectónico. Todo noble propósito por construir merece el mayor estímulo y las facilidades que la ley puede otorgar, pero será necesaria la oportuna intervención de las autoridades municipales -como está sucediendo ahora-, para encauzar y vigilar, para cuya eficiencia es indispensable que contemos, cuanto antes, con el Plano Regulador de Mérida y con un Reglamento de Construcciones que resuma experiencia y responda a nuestras necesidades. Mientras tanto, seguiremos aprovechándonos de nuestra falta de disciplina para continuar con esta anarquía en el campo de la construcción, que tanto daño le hace a nuestra ciudad. Tal parece que no existen ni Plano Regulador ni Reglamento para substraernos a la difícil tarea de obedecerlos.

Para evitar esa anarquía, ese construir a nuestro capricho y conveniencia, con las aberraciones arquitectónicas resultantes, el Departamento de Arquitectura del Ayuntamiento de Mérida, según hemos sido informados, comienza ya la redacción de un moderno Reglamento de Construcciones que guíe, por mejores caminos, las obras públicas y privadas.

Leopoldo TOMMASI LÓPEZ

[1950] Urbanísticas: Propósito y antecedentes por Leopoldo Tommasi López

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Publicado el 16 de febrero de 1950 en el Diario de Yucatán

Por: Arqto. Leopoldo Tommasi López

PROPÓSITO. En esta sección -pequeña por su forma y contenido, pero grande por su bien intencionado propósito- anotaremos cada semana, sin la pasión que desorienta ni el personalismo que corrompe, lo que cada obra pública o privada tiene de loables perfecciones o de censurables errores. No dejaremos nunca de reconocer la belleza parcial o total de esas obras realizadas en nuestra ciudad de Mérida de un tiempo a esta parte, así como expresaremos nuestra inconformidad -insignificante si se quiere- por todo cuanto a nuestro juicio adolezca de defectos en su ubicación, desarrollo constructivo, propocionalidad arquitectónica. Muy lejos estaremos siempre de elogiar lo que merezca censura, o de censurar por sistema lo que en verdad sea digno del mejor aplauso.

De este modo esperamos contribuir a la labor crítica sana que se ha impuesto la Asociación de Ingenieros Constructores de Yucatán. Consideramos un deber aportar nuestros conocimientos -muy escasos por cierto-en materia urbanística, no sólo porque hemos dedicado algunos años de nuestra vida al estudio y aplicación de sus complejos problemas, sino porque Mérida requiere urgentemente, a toda costa, mayor atención en el aspecto formal y utilitario de su belleza urbana.

No veremos las obras que hemos de analizar desde nuestro particular punto de vista -que sería lo menos importante- sino que, en cada una de ellas, con la tolerancia que el caso aconseje, aplicaremos las fórmulas estéticas y técnicas, las normas constructivas que, por su universalidad, merecen ser consideradas como ineludibles o irrefutables.

ANTECEDENTES. Lleno de fe y de cariño por nuestra ciudad, el Ing. Raúl Sobrino Campos -a quien desgraciadamente acabamos de perder- durante su inquieta y ejemplar vida honesta dió a conocer sus más claros conceptos relacionados con nuestro urbanismo, a través de interesantes comentarios y documentadas conferencias. Fue uno de los más sinceros propagadores del ideal urbanístico. Predicó la disciplina, el aprovechamiento de los más modernos métodos constructivos y legislativos, a fin de que las obras públicas, en nuestro medio, vayan por mejor destino.

Por nuestra parte, en 1946, comenzamos una serie de artículos periodísticos cuya publicación tuvimos la pena de interrumpir por nuestro inevitable retorno a la metrópoli. Desde entonces se dieron a conocer, del modo más didáctico posible, los actuales conceptos del urbanismo como ciencia y como arte, y la urgencia por aplicar sus leyes a la belleza y propiedad arquitectónica de nuestra ciudad, tan penosamente abandonada a la iniciativa privada que prefiere, casi siempre, a despecho de mal supuestos beneficios económicos, realizar sus obras particulares bajo su inmediata y exclusiva dirección.

Algunos respetables ingenieros de la capital de la República, en diversas ocasiones, han opinado acerca de los aislados problemas hidráulicos o arquitectónicos, pero con visión exótica, sin considerar las características geológicas y climatéricas, sociales y económicas de este “país que no se parece a otro”.

No hace muchas semanas, uno de nuestros más jóvenes y distinguidos profesionales, el Ing. Mario Cámara Rosas, en el ciclo organizado por la mencionada Asociación de Ingenieros y Arquitectos, sustentó una muy documentada conferencia sobre urbanismo, en la que puso de manifiesto sus amplios conocimientos sobre la materia.

Mérida no puede seguir indiferente a un programa de previsión urbanística, tan urgente como indispensable para evitar la anarquía en el campo de la construcción. Todos debemos constribur para ese objeto: unos, señalando los errores; otros, evitando o corrigiendo las torpezas arquitectónicas; todos, confiando la ejecución de sus obras a nuestros técnicos que, por ventura, ya son muchos y muy capaces y muy yucatecos.

Leopoldo TOMMASI LÓPEZ.