[1921] Paseo Montejo

Ayuntamiento Constitucional de Mérida. MÉRIDA, YUC. 
COMISIÓN DE JARDINES PÚBLICOS
AVISO

El Comisionado de Jardines Públicos que suscribe, hace presente a los dueños de toda clase de predios situados en el “Paseo Montejo” de esta ciudad, que en virtud de un acuerdo existente del H. Ayuntamiento, deberán nivelar y sembrar césped [en] el espacio comprendido entre sus predios y la banqueta del mismo Paseo. Como he tenido ocasión de observar que dicha disposición ha sido olvidada por la generalidad, recuerdo a todos los interesados que de no cumplirla en la brevedad posible, sufrirán los perjuicios correspondientes.

S U F R A G I O   E F E C T I V O .-  N O   R E E L E C C I Ó N

Mérida 19 de enero de 1921.
El Comisionado del Ramo.
W. G. Cantón Sagayo.

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Mérida: Carnaval 1883

Una reflexión sobre los cambios en la sociedad yucateca a 117 años de distancia. A propósito de las recientes fechas de Carnaval en al Ciudad de Mérida he encontrado en el CAIHY (Centro de Apoyo a la Investigación Histórica de Yucatán) esta acta de una sesión celebrada por el Ayuntamiento de Mérida el 29 de enero de 1883 que dice respecto a estas festividades:

El regidor García presentó el proyecto siguiente, que fue discutido suficientemente, reformando en el acto y aprobado por unanimidad, acordándose ademas publicarlo por la prensa para su puntual cumplimiento:

“Art. 1º Se permiten disfraces y toda clase de diversiones, menos aquellas que, por su naturaleza, ofendan la moral y el orden público.

“Art 2º El derrotero que se seguirá para los paseos públicos en las tardes de los tres días de carnaval, será el siguiente: Partirá de la “Plaza de la Libertad” siguiendo por la “Calle  de Porfirio Díaz” hasta el “Parque Hidalgo“; tomará rumbo al Norte, y rodenado el “Parque Unión” regresará por la misma calle hasta la esquina del de “Hidalgo”, donde tomará por su derecha, siguiendo la “Calle de Porfirio Díaz” hasta la “Plaza de Degollado.” Regresará de alló por la misma calle hasta la esquina en que se encuentra ésta con la de los “Novelos“. Tomará al Sur hasta la esquina en que forma ángulo N. O. de la “Plaza de la Indpendencia”, de donde continuará por su derecha, Oriente, hasta el ángulo N. E. de la misma plaza, y llegando al “Parque Hidalgo” seguirá por los costados Sur y Oriente de dicho parque, para ingresar al punto de su partida”.

“Art. 3º Todos los carruajes podrán salir del paseo tomando a su derecha, pero solo podrán ingresar a él por las plazas públicas.

“Art. 4º Se tendrán presentes para su exacto cumplimiento los siguientes artículos del Reglamento de policía”.

Art. 54. Los carruajes de cualquier clase ó destino que tengan, no podrán salir por las calles de la ciudad del trote natural de las cabalgaduras, bajo la multa de cinco pesos que pagará el que ocupe el carruaje, ó el cochero yendo de vacío, sufriendo en su defecto igual número de días de reclusión.

Art. .56. Los carruajes, carros y toda clase de vehículos en su tránsito por las calles y caminos, tomarán siempre el lado derecho de su frente, y con excepción de los carros de carga y calesas cuyo conductor vaya montado en la cabalgadura, todos llevarán de noche cuando menos un farol con luz. Por cualquiera falta de noche cuando menos un farol con luz. Por cualquiera falta de lo prevenido en este artícuulo, se impondrá una multa de un peso al que lo ocupe ó al dueño si fuere de vacío, ó en su defecto se impondrá un día de reclusión.

“Art. 57. En los paseos públicos los carruajes guardarán una sola línea, sin pasarse unos a otros por ningún motivo, bajo la muulta de un peso que pagará el que lo ocupe, sin perjuicio de la responsabilidad en que incurra por los daños si alguno fuese causado.

“Art. 60. Se prohibe a los que transiten por las calles de la ciudad en cualquier especie de cabalgadura, el que las saquen de su paso o trote natural, bajo la multa de cincuenta centavos a tres pesos, sufriendo en su defecto, doce horas o tres días de reclusión, siendo además responsables del daño si alguno causaren.

[1972] La solución del problema de tránsito urbano

Publicado en el Diario de Yucatán el 6 de marzo de 1972

EN EL TRÁNSITO URBANO de dos grandes ciudades de la República Federal Alemana se ha dado un gran paso para evitar la congestión del tráfico rodado en las temidas horas críticas. El CAT, abreviatura de taxi-cabina, permitirá superar la saturación urbana a partir de 1975 en las ciudades Frigurgo (Breisgau) y Hagen (Wesfalia). Las empresas Demag y Messerschmitt-Bolkow-Blohm se proponen experimentar el próximo año este nuevo medio de transporte público en un tramo de pruebas. Suspendido de soportes de metal o sobre ellos, el CAT se deslizará a una altura de entre seis u ocho metros sobre las calles. Desde pequeñas estaciones elevadas, los viajeros pueden trasladarse, tras la adquisición del billete emitido por un computador y la presión en la tecla correspondiente, al lugar de destino de su elección. Dos electromotores Demag impulsan sin ruidos este taxi, que tendrá cabida para tres pasajeros y dispondrá de un amplio portaequipajes. No se producirán congestiones porque la distancia entre las diversas cabinas se regulará automáticamente. Velocidad del CAT: 40 km/h.

El recorrido es controlado continuamente por un cerebro electrónico. Los soportes, colocados a una distancia unos de otros de 40 metros, permiten al vehículo la superación sin problemas de calles, canales, vías ferroviarias. Tanto el conductor como el cobrador desaparecen en este vehículo, barato en su mantenimiento. En comparación, un kilómetro de tramo doble del CAT cuesta 2.5 millones de marcos, mientras que un kilómetro de tranvía cuesta más del doble. – (Foto DID/Demag)

06-marzo-1972-trafico

[1960] La donación del predio que ocupo el Mercado “García Rejón” al Municipio

Publicado en el Diario de Yucatán el 6 de marzo de 1960

TEXTO DEL DECRETO RELATIVO

En el Diario Oficial de ayer se publicó el Decreto Nº 98, por el cual el Gobierno del Estado dona al Municipio de esta capital el predio donde estuvo ubicado el mercado “García Rejón”, clausurado hace años.

El texto de dicho Decreto es el siguiente:

“ARTÍCULO PRIMERO. – Se dona al Municipio de Mérida el predio marcado con el número quinientos catorce-A de la calle sesenta de esta ciudad, con la condición de que se construya en el mismo, en el término de dos años, un edificio que conste:

a) De un sótano de dos y medio metros de profundidad aproximadamente, que será acondicionado para estacionamiento de vehículos; y

b) De un piso al nivel de la calle en el cual se construirá el bazar de baratilleros con las instalaciones necesarias, puestos, cobertizos, etc., donde serán acomodados todos los comerciantes que conocidos con el nombre de baratilleros, tienen sus puestos ubicados sobre la calle 65, en su tramo comprendido entre las calles 56 y 60 de esta ciudad. El techo de este piso tendrá igual área, cuando menos, a la del predio motivo de la donación. Las cimentaciones y construcciones serán de naturaleza tal, que permitan al Ejecutivo del Estado construir para sí dos pisos más, como mínimo, en cuyo caso el Ayuntamiento de Mérida otorgará las respectivas escrituras de un condominio.

ARTÍCULO SEGUNDO. – Se autoriza al Ejecutivo del Estado a suscribir la documentación necesaria para realizar la donación que se decreta, en la cual se establecerán las condiciones y requisitos que debe cumplir el Ayuntamiento de Mérida.

ARTÍCULO TERCERO. – Se autoriza al Ayuntamiento de Mérida, para vender el sótano del edificio que se construirá en el predio marcado con el número quinientos catorce A, de la calle sesenta de esta ciudad, en una cantidad no menor del avalúo bancario que le corresponda y cuya cantidad será aplicada al pago de la obra ejecutada. (*)

ARTÍCULO CUARTO. – Se autoriza al Ayuntamiento de Mérida para permutar las fracciones necesarias del piso destinado al bazar de baratilleros, con los predios colindantes del marcado con el número quinientos catorce A, de la calle sesenta de esta Ciudad.

ARTÍCULO QUINTO. – Se faculta al Ayuntamiento de Mérida, a otorgar a los ocupantes de los puestos y demás departamentos del bazar de baratilleros que se construirá en el predio número quinientos catorce A de la calle 60 de esta ciudad, concesión para ocuparlos por el término de veinte años, sin perjuicio del pago de las contribuciones o impuestos estatales o municipales establecidos o que en adelante se establezcan y con la condición de que cumplan con todos los requisitos que para los efectos de conservación y limpieza fije el Ayuntamiento de Mérida. La falta de cumplimiento por parte de los ocupantes, de cualquiera de los requisitos establecidos en este artículo, será causa suficiente para que el Ayuntamiento cancele las concesiones y las otorgue a otras personas.

ARTÍCULO SEXTO. – Se autoriza al Ayuntamiento de Mérida a suscribir la documentación necesaria para realizar la venta, permutas y concesiones que se decretan, en las cuales se establecerán las condiciones y requisitos mediantes los cuales se otorga.

ARTÍCULO SÉPTIMO. – Se previene al Ayuntamiento de Mérida que de no concluir la obra totalmente, en el plazo de dos años que se le fija, el predio donado y todas sus construcciones serán revertidas en propiedad del Estado de Yucatán.

TRANSITORIO. – ARTÍCULO ÚNICO. – Este decreto comenzará a regir el día siguiente al de su publicación en el “Diario Oficial” del Gobierno del Estado”.

(*)-Debe sacarse a remate esta venta para obtener el mejor precio posible, en beneficio del Municipio. – N. del D. de Y.

[1965] Vestigios Mayas en la Catedral de Mérida

Publicado en el Diario de Yucatán el 5 de marzo de 1965

Por: CÉSAR LIZARDI RAMOS

Informó recientemente la prensa yucatanense, que existe el propósito de hacer algunas reformas en la Catedral de Mérida, la cual se levanta en el lado oriental de la plaza mayor de esa ciudad, capital de Yucatán. Las reformas, según los informes, háranse mayormente en el interior del magno templo, señalando como la catedral más antigua de México, pues se terminó en 1598, es decir, 56 años después de fundada la urbe que los mexicanos del centro llamamos todavía Ciudad Blanca, pese al hecho, comprobado a lo largo de visitas incontables, de que sus autoridades municipales y la parte menos educada de su población, hacen todo lo posible por convertir su centro en un basurero.

La catedral, admirable entre otras cosas por la esbeltez de sus torres y la sencillez elegante de su arquitectura, fue construida, como los demás templos de Mérida, con las piedras, brutas o labradas, de los edificios de la ciudad maya de T-Hoo (T-Jo) o Ichcaanzihó (Ichcaanzijó), en cuyo asiento y sobre cuyas majestuosas plataformas levantaron después de 1542 sus palacios Francisco de Montejo Hijo, y sus lugartenientes.

Como es natural, por más que el hecho es ignorado por muchos emeritenses, o meridanos, quienes pasan a diario junto al edificio, ya sea por el lado de la plaza, es decir, por la calle 60 o por su costado norte, que da a la Calle 61, son visibles algunos vestigios mayas y otros de la edad colonial, que sólo conocen unos cuantos yucatanenses y algunos, muy pocos, viajeros curiosos.

UN CENOTE BAJO EL FAMOSÍSIMO EDIFICIO.- El autor de este reportaje tiene la buena fortuna de llevar amistad con unos de los yucatanenses mejor informados en cuanto a las antigüedades, la lengua, la fauna y la flora del extraordinario Yucatán: el Profr. Alfredo Barrera Vásquez.

Y fue precisamente a principios de este año cuando Barrera le preguntó si conocía los fragmentos de columnas mayas que forman parte del sistema de construcción de la catedral. El autor contestó con rubor que no. Lo cual bastó para que el lingüista le guiara hacia el edificio, en cuya fachada principal identifica sin dificultad quien ha visitado y estudiado las ruinas mayas, piedras sin labrar y aún sillares, que formaron parte de edificios mayas antiguos cuya distribución general en un cuadrángulo describe con su pintoresca y no siempre fácil lengua, el obispo Diego de Landa.

Pero los vestigios principales parecen ser los de la fachada norte, muy visibles en la calle 61. Constan de unos fragmentos, o “tambores”, de columnas mayas, uno de ellos, completo y otro incompleto. Su base forma parte del paño del muro. Un poco más al oriente y casi frente a la entrada de un apostadero de coches contiguo a lo que fue Museo de Mérida, Barrera Vásquez mostró un arco empotrado, como de entrada tapiada y explicó que en ese lugar existía un cenote que mucho después de construida la catedral fue cubierto, para levantar sobre él parte del muro norte del edificio. Y en apoyo de su dicho señaló una inscripción tosca, hecha con una punta, que cruza, abajo del arco, la anchura toda de la “entrada tapiada” y que empieza y termina con sendas cruces muy mal diseñadas. La inscripción comienza con la palabra “cenote”. Los otros vocablos no pudieron ser leídos, salvo la fecha 1713, porque la luz no era adecuada; pero Barrera informó que hará 30 años él leía con facilidad relativa la inscripción, hecha, probablemente, por un alarife. Es de creer que dando una iluminación adecuada pueda leerla a su sabor cualquiera curioso inteligente, si acaso encuentra interesantes estos informes, y otros que acerca de la infortunada T-Ho podrán incluirse en esta serie de reportajes, redactados para dar a conocer algunas cosas importantes de las gloriosas provincias mexicanas.

CÉSAR LIZARDI RAMOS

México, Marzo de 1965.- (Especial para el DIARIO DE YUCATÁN en el S. E. de México).

[1944] Que veinte millones será el costo total del muelle de Progreso

Publicado en el Diario de Yucatán el 4 de marzo de 1944

MÉXICO, 3 de marzo. (Especial) – El diario Excélsior publica hola siguiente noticia:

“Se están haciendo esfuerzos para terminar en el presente año el nuevo muelle de Progreso Yuc., que tiene una extensión de 2,097 metros. Contará con un enroscado de acero de 145 metros; un viaducto de 1,749 y 202 de atascaderos. Costará unos veinte millones de pesos. El muelle descansa sobre pilares de cemento; 328 circulares y 64 elípticos, y todos ellos, a su vez, sobre la roca del fondo del mar.

“El muelle tendrá vía férrea sobre el malecón, con una extensión de 1,894 metros, con lo cual se transformarán radicalmente los movimientos de carga y de descarga, que se llevaban a cabo por medio de remolcadores y chalanas. Al terminarse el muelle, las grandes embarcaciones atracarán directamente y podrán hacer simultáneamente sus operaciones de carga y descarga, hasta veinte buques grandes. Además están siendo construidos cobertizos y bodegas para recibir carga en abundancia”.

[1950] Urbanísticas: Reglamento por el Arqto. Leopoldo Tommasi López

Publicado el 02 de marzo de 1950 en el Diario de Yucatán

Por: Arqto. Leopoldo Tommasi López

REGLAMENTO. – Nuestra ciudad de Mérida –por el número de sus habitantes y su ya considerable extensión; por su importancia constructiva y recursos económicos; por el rápido crecimiento horizontal de sus colonias residenciales: en fin, por su categoría urbanística- merece con urgencia, no solo un Plano Regulador que rectifique su presente y norme su futuro, sino un Reglamento que guíe y aconseje las reformas más adecuadas a las obras existentes, y encauce y vigile las que se lleven a cabo.

Ni en las más brillantes épocas constructivas de Mérida, hemos contado con un Reglamento digno de ser tomado en cuenta. En el período gubernamental del Lic. Olegario Molina -1902 a 1906- sólo existían disposiciones aisladas, inconexas, dictadas para satisfacer circunstancias y exigencias de las numerosas obras que se llevaron al cabo en ese lapso. Estas disposiciones fueron compiladas y reformadas durante el gobierno del Gral. Salvador Alvarado, formándose con ellas la primera codificación, aunque incipiente, de nuestras construcciones. En 1919, Enrique Recio, como presidente municipal, autorizó la redacción de unas nuevas Ordenanzas para las obras materiales de Mérida y pueblos de su Municipio, que modificaron el contenido jurídico de las anteriores. Si entonces –hace treinta años- dichas Ordenanzas se consideraban incompletas y peligrosamente anticuadas, ¿cómo podríamos juzgarlas hoy que nuestra ciudad ha alcanzado un importante grado de desarrollo urbanístico? No podemos estar conformes con la vigencia de algunas disposiciones reglamentarias de pésima calidad, tan inadecuadas a las necesidades actuales. No debe aceptarse la suspicacia de que haya mala fe en la aparente indiferencia con que se mira y poco se atiende la arquitectura de nuestra ciudad, al no renovar y modernizar esas disposiciones que controla y supervisan las obras públicas y privadas. No hay mala fe en verdad, aunque no se explica la desidia que se vuelve tolerancia, la tolerancia que se torna en demagogia, la demagogia que se trueca en anarquía.

No es posible que la arquitectura de Mérida siga al garete. Un buen Reglamento de construcciones podría marcar el camino que cada uno debería seguir. En las Ordenanzas vigentes encontramos unas disposiciones ingenuas, otras torpemente redactadas, casi todas exemporáneas. Es tanto más lamentable esta situación cuanto más se construye en la ciudad, pues los errores urbanísticos aumentan en razón al número de obras que se realizan.

Los Reglamentos para la construcción son revisados, en todas las ciudades importantes del mundo, de manera periódica, cada cuatro o cinco años aproximadamente. Algunos, los que más se adelantan a su época, son revisados cada ocho o diez años cuando mucho. Las nuevas experiencias técnicas, los grandes cambios en el concepto estético y filosófico de la arquitectura, el aumento cada vez mayor de población y de servicios municipales, los coeficientes de mortalidad, las acertadas soluciones higiénicas, en fin, todo lo que constituye la vida moderna de las ciudades, van dictando nuevas leyes que corrigen el contenido de los anteriores reglamentos.

La “Asociación de Ingenieros Constructores” –que hoy se llama “Asociación de Ingenieros y Arquitectos de Yucatán”– consciente de esa enorme deficiencia que tanto daño ha causado a nuestra ciudad, propuso, en 1944, un Código de Construcciones para Mérida y sus Colonias. El Ayuntamiento que recibió esa iniciativa que tendía a modernizar y completar las antiguas Ordenanzas municipales, no se dio por enterado ni envió el más elemental y burocrático acuse de recibo. Han transcurrido de esto algunos años, y pues que el urbanismo (…) amplios conocimientos y más experiencia y recursos constructivos, se hace necesario, indispensable y urgente, la redacción de un Reglamento que contenga –sin copias de otros aquellas disposiciones inestables a nuestras características, las más modernas y convenientes (…) en materia de construcción, para salvar a nuestra ciudad del desorden, del feísmo y de la anarquía de que tanto hemos hablado, de los errores de ubicación, de ornamentación, de belleza funcional y arquitectónica.

Todo esto se evitará, en gran parte, por el Reglamento de Construcciones que ha comenzado a redactarse con elementos técnicos del Departamento de Arquitectura del Ayuntamiento de nuestra ciudad.

Leopoldo TOMMASI LÓPEZ

[1956] El proyecto para un Monumento a la Bandera en Mérida

Publicado el 23 de febrero de 1956 en el Diario de Yucatán

R E M I T I D O

El proyecto para un Monumento a la Bandera en Mérida. — La ejecución de las obras

Como autor del proyecto premiado en agosto de 1943, para un Monumento a la Bandera que se construiría, según la Convocatoria respectiva, en la confluencia de las Avenidas de “Los Itzáes” y “Colón” de esta ciudad, considero que es deber mío informar al público, especialmente a mis colegas lo siguiente:

1º.- De acuerdo con la Convocatoria, proyecté un monumento para señalar el lugar en que, formando un ángulo recto, terminan las Avenidas citadas, y no para un sitio en que interceptara y cortara las perspectivas de un paseo como el “Montejo” donde se está construyendo.

2º.- Mi proyecto, publicado en uno de los Diarios Locales en el mes de Septiembre de 1943, consiste medularmente en un muro en forma de exedra o semicírculo, completamente liso por ambas caras y decorado únicamente con un ancho friso de figuras, en su base; de manera que éstas destacan en la serenidad de esas amplias superficies lisas, sus siluetas y actitudes en las alegorías y símbolo que empleé para expresar mi pensamiento.

Pero el escultor Rómulo Rozo, designado para ejecutar la decoración del Monumento que nos ocupa, al construir la Maqueta  de mi proyecto, no tuvo en cuenta esta calidad o acabado del muro del exedra que establecía el proyecto, sino que alterando esta primordial condición, presentó los parámetros de este muro imitando mampostería de piedras aparentes,

Esta maqueta fue aprobada por el Gobierno y por más instancias que hice ante su autor y ante el Gobierno mismo, persistió el famoso muro de piedras aparentes, con el desconcertante resultado que puede verse en el repetido muro ya construido: Las figuras del friso de la base, a pesar de la maestría de su talla, de la perfecta euritmia de sus proporciones y siluetas, que deberían pregonar la pericia que todos reconocemos al Escultor, aparecen pobres y desmedradas, aplastadas por cataratas de piedras que las nulifican totalmente. El Decorador ha intentado remediar este lamentable defecto, recurriendo al expediente de pintar de rojo los entrantes de las figuras, no logrando con esto, sino manchar desastrosamente esos bajo-relieves, sin que adquieran la importancia decorativa que les señalé.

3º.- El concepto de la Patria, cuyas modalidades estéticas y plásticas arropan el Monumento en sus distintos aspectos, según mi proyecto, está expresado por medio de una serie de motivos o grupos exclusivamente simnbólicos o alegóricos que, en el friso mencionado, se desarrollan en ds teorías que sucesivamente, partiendo a derecha e izquierda del tronco del “Árbol de la Raza” (en el centro de la fachada cóncava) van rodeando el exedra y rematan a los costados de la figura de la Patria, en el Centro de la fachada convexa o principal del Monumento. De manera que todas las figuras que puse en este friso, desempeñan el papel de símbolos; así por medio de un grupo simbolicé la época Pre-hispánica de México; y con otros grupos o figuras igualmente alegóricas continué representando las otras etapas de nuestra historia como la Colonia, la Independencia, la Reforma, etc., etc., hasta nuestra actualidad. De este modo conseguí que, al rematar estos frisos con sus figuras simbólicas a los costados de la representación de la Patria, forzosamente también simbólica, se ligaran y unieran natural y armónicamente, como también ocurría con las alegorías del “Caballero Águila” y del “Caballero Tigre“.

El Escultor tampoco aceptó mi concepción simbólica de los frisos y optó por llenarlos con las efigies fidedignas (hasta donde le fue posible) de determinados personajes a quienes juzgó representativos de cada una de las etapas de nuestra historia. De esta suerte transformó mis frisos simbólicos en históricos; eludió la dificultad que entraña toda creación simbólica, prefiriendo la facilidad de reproducir las conocidas imágenes de personajes de nuestra historia y de nuestra política. Pero esta sutileza se convirtió en dificultad insuperable, cuando trató de armonizar sus frisos históricos con el gran motivo central de la Patria sosteniendo la bandera, simbólico necesariamente. Pues al resignarse a representar este motivo de la única manera que es factible, no pudo evitar la falta de unión armónica de sus históricos frisos con este motivo culminante, sino que la hizo aún más notable al dar formas en alto-relieve a los símbolos superpuestos con los que rodeó la gran figura de la Patria, constituyendo una enorme mole aislada en su barroquismo, que, en vez de armonizar con los pobres frisos, también los aniquila.

Después de haber señalado los defectos principales de que adolece la obra decorativa del Escultor, por no haber querido colaborar con el Arquitecto, sino reemplazarlo, permitiéndose suprimir el concepto y la plástica que normaron mi creación del Monumento en cuestión, hago constar que esa decoración es ajena a mi proyecto.

Y para terminar, manifiesto que sólo intervine en la mencionada construcción, en su cimentación y en las obras de desagüe, pues al terminar el año de 1945 el Gobierno local prescindió de mis servicios profesionales.

Mérida Yucatán., Febrero de 1956.

Arq. Manuel Amábilis Domínguez

[1950] Urbanísticas: Anarquía por Leopoldo Tommasi López

Publicado el 23 de febrero de 1950 en el Diario de Yucatán

Por: Arqto. Leopoldo Tommasi López

ANARQUÍA. – La iniciativa privada casi siempre prefiere resolver sus problemas constructivos de modo personal, sin la intervención oportuna de Arquitectos o Ingenieros. Considera que este procedimiento beneficia económicamente sus intereses, sin sospechar que, a la postre, los resultados son contrarios a sus propósitos. No siente la obligación de pagar honorarios a los técnicos que podrían llevar al cabo esas mismas obras sin esmero administrativo, propiedad arquitectónica y coherencia lógica en el desarrollo de los distintos aspectos inherentes a la construcción, ni piensa que esto implica una economía que, por desgracia, nunca es reconocida en su justa importancia. Cuando son utilizados los servicios profesionales, los honorarios son discutidos y reducidos a su mínima expresión aritmética.

En nuestra ciudad, con muy honrosas excepciones, los propietarios de piedros suelen encomendar sus obras a maestros albañiles, en vez de utilizar a técnicos competentes para proyectarlas, calcularlas y realizarlas. Cuando acontece, por fortuna, esto último, constituye para el propietario un íntimo placer, rayando en vanidoso complejo de superioridad, el modificar constantemente los proyectos, aun cuando éstos están ya en vías de ejecución. Cada propietario se considera un arquitecto en cierne, dispuesto a discutirlo todo -a veces hasta lo que no entiende- y a imponer soluciones calcadas de magazines extranjeros. Cada propietario debe poseer capacidad bastante para construir por sí solo, aunque recurriendo a contradictorias y anacrónicas imitaciones, a veces tan absurdas que contribuyen al más lamentable feismo arquitectónico. No conceden a nuestros arquitectos el derecho exclusivo de crear su residencia y resolver sus problemas higiénicos, económicos y constructivos en atención a la luz necesaria, a la ventilación indispensable, al aprovechamiento funcional del espacio en que debe realizarse la obra. Prefiere coleccionar detalles y conjuntos que “ha visto en otras residencias”, aunque sean inaplicables a nuestro clima, condiciones geográficas, costumbres, elementos de trabajo como materiales, obreros, etc. No quiere reconocer que el Arquitecto y el  Ingeniero son creadores por excelencia de la belleza plástica, de las proporciones estéticas, de la justeza utilitaria y ornamental, del equilibrio y de la estabilidad, y que tienen la virtud de armonizar, de conjugar los valores más heterogéneos de la arquitectura, a fin de ofrecer unidad compositiva dentro de la originalidad de lo que sea bellamente cómodo y técnicamente habitable.

En nuestra ciudad, muchos propietarios construyen lo que quieren y como quieren, sin que nada ni nadie les imponga ni siquiera las más elementales normas urbanísticas. Muchas obras públicas y privadas se han llevado al cabo sin satisfacer exigencias de zonificación, de alineamiento, de “partido” arquitectónico. Todo noble propósito por construir merece el mayor estímulo y las facilidades que la ley puede otorgar, pero será necesaria la oportuna intervención de las autoridades municipales -como está sucediendo ahora-, para encauzar y vigilar, para cuya eficiencia es indispensable que contemos, cuanto antes, con el Plano Regulador de Mérida y con un Reglamento de Construcciones que resuma experiencia y responda a nuestras necesidades. Mientras tanto, seguiremos aprovechándonos de nuestra falta de disciplina para continuar con esta anarquía en el campo de la construcción, que tanto daño le hace a nuestra ciudad. Tal parece que no existen ni Plano Regulador ni Reglamento para substraernos a la difícil tarea de obedecerlos.

Para evitar esa anarquía, ese construir a nuestro capricho y conveniencia, con las aberraciones arquitectónicas resultantes, el Departamento de Arquitectura del Ayuntamiento de Mérida, según hemos sido informados, comienza ya la redacción de un moderno Reglamento de Construcciones que guíe, por mejores caminos, las obras públicas y privadas.

Leopoldo TOMMASI LÓPEZ